miércoles, 9 de septiembre de 2015

Fiestas y absentismo escolar en Tarancón

Hoy comienza el curso en Castilla-La Mancha en Educación Infantil y Primaria. ¿En toda Castilla-La Mancha? ¡No! Un valiente grupo de irreductibles manchegos al occidente de las tierras conquenses resiste con fuerza ante la obligación de llevar a sus hijos al colegio "porque son fiestas".

Bueno, seamos justos. El colegio ha empezado y los profesores están allí, esperando en sus aulas a que las sillas se llenen de niños. Unos niños no van al colegio "porque son fiestas" y otros muchos "porque no va a ser mi hijo el único que vaya". La cosa llega a tal punto que ni siquiera hay transporte escolar o no se inicia el periodo de adaptación de los más pequeños hasta que finalicen las fiestas.


Supongo que la responsabilidad es compartida. Las familias eligen no llevar a los niños al colegio. Los colegios se resignan ante esta decisión. La administración mira para otro lado. Al menos el ayuntamiento no ha organizado este año actividades infantiles en horario lectivo. Hace ocho años que vivo en Tarancón, mis hijos han nacido aquí y me siento plenamente integrado en la localidad. Pero sigo sin entender esto. 

Este curso el calendario ha querido que solo se pierdan tres días. Otros años son más. Según parece en Tarancón podemos permitirnos el lujo de perder estos tres días de curso "porque así ha sido de toda la vida". ¿Y qué se puede hacer ante tan irrefutable y sesudo argumento? Pues quizá se pueda hacer algo. Quizá los colegios podrían actuar con más firmeza, quizá se podría llegar a algún tipo de acuerdo con la administración para modificar el calendario de inicio o recuperar los días perdidos. O quizá no se pueda hacer nada y yo no sea el primero ni el único en chocar contra este muro y mi grito de incomprensión se perderá entre los cohetes y la música de las charangas.

sábado, 1 de agosto de 2015

Del colegio al equipo de orientación

Estoy en fase de transición. Dentro de un mes comenzaré una nueva etapa profesional en el Equipo de Orientación de Villarejo de Salvanés, en la Comunidad de Madrid. Allá por septiembre de 2006 daba mis primeros paso como orientador educativo en el corazón de La Mancha. Cuando yo llegué, el flamante modelo de orientación interno en Educación Infantil y Primaria brillaba radiante en su segundo curso de andadura en Castilla-La Mancha.

A los más jóvenes del lugar (y a muchos veteranos) aquello nos parecía formidable. Era orientación de calidad: inclusión, cercanía, programas, prevención, tiempo,... Y, bueno, a muchos nos permitió acceder a un puesto de trabajo para el llevábamos años preparándonos. Me sorprendió saber que a muchos de los orientadores que venían de los equipos aquello no les gustaba. Había incluso un recurso administrativo interpuesto por un sindicato contra el nuevo modelo. No sé muy bien cómo acabó aquello.

A mí me ha gustado trabajar como orientador formando parte del centro educativo. Estar cerca cada día de los alumnos, ser compañero de los maestros (y no un pakistaní) son valores muy apreciados. El sentido de pertenencia y la presencia han sido vitales para no reducir mi trabajo a un frío bucle evaluación-informe-dictamen. Este modelo me ha permitido trabajar en ocasiones a cámara lenta, en el detalle pequeño y, sobre todo, estar en el corazón de proyectos que han generado los cambios que buscábamos.

Pero también es cierto que frecuentemente me he sentido solo en el plano profesional, particularmente desde que murió el Plan de Orientación de Zona y perdimos la posibilidad de reunirnos mensualmente los orientadores de la zona. Esas reuniones incomprendidas por los que habitan los despachos tenían un valor enorme para nosotros: compartir, aprender, escuchar, desahogarse, encontrar soluciones,... Eran válvula de escape y recarga de baterías.


Mi presencia en el centro también ha hecho confundir ocasionalmente mis funciones. A mí mismo y a mis compañeros. Esto ha generado, en ocasiones, un exceso de demandas y cierta traslación de responsabilidades. Creo firmemente en la capacidad del profesorado para dar respuesta desde sus conocimientos y su experiencia a multitud de retos que se encuentran en el día a día de su aula.

Quién me iba a decir a mí que diez cursos después, haría el viaje a la inversa: del colegio al equipo de orientación. Pero es lo que tiene la ridícula España de las Comunidades Autónomas. Ahora trabajaré mucho más cerca de mi casa, pero parece que cambio de continente. De esta nueva etapa espero sentir la cercanía y complicidad de un equipo de profesionales. Espero mucho trabajo. Sé que contare con más recursos y también sé que perderé proximidad (y todo lo que ello implica) con maestros, alumnos y familias. Lo demás, está por ver.

Comienzo con ilusión esta nueva etapa y confío que la experiencia y aprendizajes acumulados en los últimos años me sirvan para hacer mi trabajo con la calidad que merecen las personas que con quien compartiré esta nueva aventura. Me gusta ser orientador.

martes, 30 de junio de 2015

¡Viva mi pe-té!*

Hace unas semanas estuve en una reunión de orientadores. Hacía meses que no tenía ninguna. A los orientadores nos gusta reunirnos. Primero porque nos gusta mucho hablar. Hablamos y hablamos y ahí podríamos seguir contándonos batallitas. Segundo porque nos sentimos solos en nuestros centros, pero eso da para otra entrada en el blog.

En una de esas conversaciones un compañero decía que no tenía feeling con su PT, por no entrar en muchos más detalles. Esto me sorprendió; me pareció raro. Y además me dio mucha pena. En esa soledad del orientador de la que hablaba antes, la maestra** de PT (también la de AL***) es nuestra mayor aliada y cómplice. En muchos casos, es la única persona del centro que habla nuestro idioma y que comparte nuestra mirada pedagógica.

Mi PT entiende por qué un día estoy enfadado y se alegra conmigo por ese pequeño paso que otros ojos no ven. Ella le pone el verbo a los extraños sustantivos y adjetivos que los orientadores a veces colamos en nuestros informes. Ella sabe qué hacer para llegar adonde el orientador intuye que hay que dirigirse. Ella es el corazón del colegio, el I+D+I del sistema educativo, la alta competición de la enseñanza.

Sirvan estos torpes párrafos de reconocimiento a Patri, África, Mamen, Mariluz y tantas y tantos PT que día a día se dejan la piel y la paciencia con quien más lo necesita. Gracias.



* P.T. Maestra de Pedagogía Terapéutica. Para los ni iniciados es el palabro pedagógico con el que se denomina a las maestras de apoyo o de educación especial de toda la vida.
**Sé que también hay maestros de PT, pero hasta que coincida con uno, seguiré utilizando el femenino plural genérico.
*** Audición y Lenguaje. Otro palabro. Lo que viene siendo una logopeda.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Lo que los preadolescentes piden a sus padres

Mi directora me pidió que me reuniera con los padres de los alumnos de 6º para hablar con ellos sobre el paso a la ESO. Para ello tiré de las mejores fuentes que conozco: familiaycole.com y APOCLAM. Primero, algo sobre las características de la adolescencia. Después, cómo queda la ESO tras la ¿última? reforma educativa. De ahí a unas sugerencias sobre cómo afrontar en familia este cambio tan significativo.

La cosa iba quedando completa, pero le faltaba alma. Cogí un papel y un boli, me levanté y me dirigí a la clase de 6º. Con cierto sonrojo, pedí permiso en castellano a la teacher de Science para robarle unos minutos de clase. Me planté delante de ellos y le expliqué lo que estaba haciendo. Les animé a pensar qué les pedirían a sus padres para que estos les ayudaran en su nueva etapa en el instituto. Aluvión de manos levantadas. Es como si llevaran años esperando a que alguien les preguntara algo así. Ellos hablaban y yo tomaba nota. Este fue el resultado: una pequeña y elocuente guía de educación para adolescentes escrita por preadolescentes.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Smart Family: inteligencia emocional para familias inquietas

Te presento el primer número de 'Smart Family'. Es una sencilla publicación que pretende aportar inspiración a familias que quieren contar con el aprendizaje emocional como elemento para crecer y desarrollarse. En este proyecto que ahora nace participamos un grupo de profesionales de diversos ámbitos: la pedagogía, la psicología, el deporte, la orientación y el coaching, entre otros.

Cada dos meses iremos aportando nuevos artículos y nuevas ideas que, esperamos resulten interesantes. En este número, mi aportación personal se ciñe a la maquetación y el diseño, pero ya vendrán más.

martes, 9 de septiembre de 2014

El docente proactivo y el cambio posible

"Las familias de mis alumnos no colaboran", "estos niños no tienen interés", "cada dos años nos cambian la ley y así es imposible", "el equipo directivo nos lo pone todavía más difícil"... Cualquiera que haya estado alguna vez en una sala de profesores habrá escuchado frases como estas más de una vez. Lo malo es que, en no poco casos, son ciertas. Sin embargo es un error dejar que se conviertan en excusas para no cambiar nada y dejarnos llevar por la corriente del desánimo y el "que llegue ya el viernes".

Dicho de forma más sesuda, cuando los profesores nos recreamos en esta colección de creencias y afirmaciones tan poco estimulantes estamos centrándonos en el círculo de preocupación y, por tanto, desatendiendo nuestro círculo de influencia. Esto es lo que explica brillantemente Stephen R. Covey en su best seller Los siete hábitos de la gente altamente efectiva. Y, bajo mi punto de vista, da en la diana.

La diferencia esencial entre ambos círculos es que cada uno de nosotros tenemos el control sobre lo que sucede en el círculo de influencia, pero no sobre lo que ocurre en la zona de preocupación. Cuando gastamos nuestra exigua energía en este úlitmo actuamos de forma reactiva y no solo no logramos cambiar nada, sino que reducimos nuestra influencia sobre estos problemas a causa del victimismo y la sensación de incapacidad.



La clave para iniciar el cambio de todo eso que nos preocupa, pero que no depende nosotros, reside en la proactividad. Ser proactivo no es ser un "echao pa'lante" o ir de "sobrao". Ser proactivo es esencialmente ser responsable, entendiendo como tal la habilidad para elegir la respuesta ante cada una de las situaciones que nos encontramos. Ser proactivo es no plegarse al determinismo derrotista que postula que las cosas suceden porque tienen que suceder o "porque las cosas están fatal" o porque "ya nada es como antes".

El docente proactivo sabe que no puede cambiar los hábitos educativos de los padres de sus alumnos, pero sí es capaz de crear un grupo de WhatsApp o lo que sea para comunicarse más y mejor con ellos o de transmitirles altas expectativas de logro.

El docente proactivo sabe que sus alumnos son preadolescentes irritantes, pero es capaz aparcar por un tiempo el libro de texto y poner en marcha un proyecto de investigación con ellos.

El docente proactivo sabe que le cambiarán la ley tras las próximas elecciones, pero es capaz de concretar el currículo a nivel de aula conectando los contenidos con las bizarras preocupaciones de sus alumnos.

El docente proactivo también detesta la burocracia organizativa, pero es capaz de ofrecer su colaboración al equipo directivo para sacar adelante ese tostón de memoria o de proponer una aplicación informática que haga más llevadera la evaluación interna.

El docente proactivo sabe que no todos sus compañeros serán sus amigos ni estarán de acuerdo con su manera de entender la educación, pero es capaz de escucharles, de echar una mano con ese tablón que se cae o de preguntar cómo están sus hijos.

El docente proactivo sabe que no puede cambiar todo, pero es capaz de cambiar algo. Y ese algo es primer paso de otro algo y así, decisión a decisión y acción a acción, el círculo de influencia invade el círculo de preocupación y se logran cambios impensables. Ningún profesor, ningún centro, ningún aula están condenados a ser siempre lo que son ahora. El cambio es posible y es real cuando se sabe adonde se quiere llegar y se actúa con responsabilidad y proactividad.

lunes, 17 de marzo de 2014

Medio cerebro

La LOMCE y el nuevo Real Decreto que establece el currículo en Educación Primaria han resuelto dividir las áreas entre troncales y específicas. Suena a universidad. O suena a que hay asignaturas importantes (pronúnciese con voz grave) y luego están las demás. Ya se sabe, la gimnasia (¡ah no!, educación física) y esas cosas. Y luego, más al fondo, mucho más, está la Educación Artística.

El asunto es que su hijo o el mío podrían cursar hasta los 12 años en un colegio sin dedicar ni una sola hora a la Educación Artística. Tendrá cinco áreas troncales: 

Lengua Castellana y Literatura.
Matemáticas.
Lengua Extranjera, que seguramente será Inglés.
Ciencias Naturales.
Ciencias Sociales.

Luego tendrá un número indeterminado de áreas específicas. Dos de ellas serán Educación Física y Religión (o su alternativa: Valores Sociales y Cívicos). A partir de ahí el centro ofertará al menos una de entre Educación Artística, Segunda lengua extranjera y la que los padres no hayan elegido de entre Religión o su alternativa. 

O sea, usted podría llevar a su hijo a un colegio supermolón que decida que estudiar alemán desde los 6 años mola mucho más que colorear y esas chorradas. Su hijo aprenderá a pronunciar Gelsenkirchen a cambio de sacrificar medio cerebro. Y además será superproductivo.


Realmente creo que serán muy pocos o ninguno los colegios que no oferten Educación Artística. Pero, la sola posibilidad de que esto sea legal me aterra. Porque lo que hay detrás de ello es que quien ha diseñado este currículo ha decidido que medio cerebro de los niños es prescindible; que no pasa nada si no le prestamos atención durante la etapa más importante de su desarrollo al aprendizaje de los lenguajes visual, corporal y musical o a la creatividad. El mensaje implícito es que todo esto es secundario y prescindible.

Según parece, en mi tierra adoptiva, Castilla-La Mancha, tendremos garantizada la educación musical. A mí me huele más a prevención de un conflicto laboral que a opción pedagógica. Pero algo es algo.

Y luego está lo de la educación emocional, que no merece ni una línea de atención en el nuevo Real Decreto. Pero a eso ya le dedicaré otra entrada en el blog. O un requiem. Lo estoy pensando.