jueves, 23 de mayo de 2013

#LOMCE: otro paso hacia ninguna parte.

No estoy ni a favor ni en contra de la LOMCE. Total. Dentro de unos años vendrán otros con otra ley bajo el brazo. De hecho, he tomado la firme decisión de no cogerle cariño a ninguna ley educativa que no se apruebe por consenso, o al menos, por un amplio acuerdo de los partidos mayoritarios y, sobre todo, de los profesionales de la educación (donde no incluyo a los sindicatos). Uno tiene su corazoncito, te encariñas, te cambian la ley y se pasa muy  mal. Habría que tener el sentido común de Bart en aquel episodio de los Los Simpsons sobre la huelga de profesores y encerrarlos bajo llave hasta que lleguen a un acuerdo aceptable por todas las partes.


Sea como sea, será inútil cualquier reforma educativa en España sin antes derribar las barreras históricas que impiden el salto de calidad que nuestro sistema educativo necesita . A mi juicio, se resumen en tres:

1. La Universidad. En realidad lo que necesita un revolcón es el sistema de selección del profesorado. El actual está diseñado para seleccionar a los mejores estudiantes, que no necesariamente son los mejores profesores. Y el cambio radica en la formación inicial del profesorado, que debería empezar por crear auténticas Facultades de Educación donde se formen profesores de todas las etapas, con números clausus que respondan a lo que el sistema educativo necesita y con mecanismos que seleccionen a quienes realmente tengan talento para educar. Pero eso supondría hincar el diente a la Universidad y a ver quién le pone el cascabel a ese gato. A poco que alguien insinúe que hay que cambiar algo en esos anquilosados departamentos universitarios te montan una huelga de tres años contra la mercantilización neocapitalista y fascista. Lo de siempre, vamos.

2. El trincherismo político. El profundo discurso político sobre educación se resume en argumentos del tipo "esta ley es una basura porque la has hecho tú; la mía es genial porque la hecho yo". No hay debate educativo que no acabe reducido a Religión vs. Ciudadanía, Pública vs. Concertada, Catalán vs. Castellano y otras trincheras por el estilo. La educación no cambiará de verdad hasta que no juntemos unos cuantos políticos con altura de miras capaces de centrar el debate en lo realmente importante: autonomía organizativa, financiación, carrera docente, evaluación, calidad y equidad, bilingüismo, ¡metodología!,...

3. La consideración social de la educación. Lo que más me llama la atención del sistema educativo de Finlandia es que está fundamentado en la unánime convicción social de que el mayor recurso del país son las personas. Por eso la inversión en educación es prioritaria, por eso los profesores tienen un enorme prestigio social, por eso las familias entienden que la formación es la mejor herencia que pueden dejar a sus hijos. Y por eso su sistema educativo gana la Champions y Eurovisión cada año. Mientras, en soleado sur de Europa, sigue valiendo más un suegro con tierras, un amigo en la Junta o un "no sabe usted con quien está hablando" que el talento y el valor de cada persona. El ascensor socioeconómico que debe ser la educación seguirá averiado mientras no le demos el valor que merece.

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