jueves, 31 de enero de 2013

Don Bosco, patrón de la orientación educativa

Si esta bendita profesión no fuese tan jodidamente laica ya le habríamos buscado un patrón. Pero no es así. Así que yo lanzo el guante y postulo un candidato: San Juan Bosco, patrón de la orientación educativa.

Allá por el noveccento la orientación educativa como disciplina y como profesión apenas sería una ligera intuición en alguna mente avezada. Sin embargo, el joven sacerdote Giovanni Bosco se convertiría, sin saberlo, en todo un pionero en llevar a la práctica los principios y los valores en los que se basa la orientación.

En un agudo análisis de su contexto no necesitó hacer un sociograma o pasar mil formularios para advertir que miles de jóvenes llegaban a la creciente e industrial Turín con tremendas necesidades formativas, afectivas y espirituales. Y se puso manos a la obra. No creo que nunca se sentara a redactar una programación, pero tenía claro su objetivo: hacer buenos cristianos y honrados ciudadanos. Hoy no pocos discuten ambos términos como si fueran contrarios o incompatibles. Curioso.

Don Bosco veía y trataba a cada joven como único e individual. No había dos jóvenes iguales a sus ojos. A todos los conocía por su nombre y para cada uno tenía una palabra (al oído) adecuada. Tenía claro que cada muchacho tenía su aptitudes particulares y se esforzaba en encontrarlas. Para él cada joven tiene un cuerda sensible al bien a partir de la cual construir un proceso educativo integral. Porque su propuesta educativa era realmente integral. Hoy lo llamamos competencias básicas. El no desatendió ni una. La formación académica era esencial en su casa, pero también la expresión artística: el teatro, la música,... Fue un apasionado de las nuevas tecnologías de las época. Trataba de que sus muchachos crecieran siendo autónomos y responsables. Esa extraña competencia emocional, que muchos hoy miran con sospecha, era el eje de su propuesta educativa: "no basta amar, es necesario que se sientan amados". No creo que nunca escuchara la palabra "autoestima", pero supo hacer que cada joven se sintiera único y valorado.


En una época donde la educación era esencialmente represiva y los problemas de conducta se arreglaban a mamporros, Don Bosco tuvo una intuición decisiva: el sistema preventivo. Este fue su plan de convivencia: mantener a los jóvenes ocupados con actividades constructivas, con la presencia permanente de los educadores y con un ambiente marcado por la libertad y la alegría era la mejor forma de evitar que hicieran lo que no debían y crecieran de forma equilibrada.

La orientación vocacional y profesional fue su fuerte. Supo proponer a cada muchacho la formación que necesitaba para desarrollar su cualidades y para buscarse la vida. Firmó los primeros contratos de aprendizaje de los que hay constancia. Inventó eso tan moderno que ahora llama la formación profesional dual. No en vano, esto sí, es el patrón de la Formación Profesional.

Buscó siempre la complicidad de cuantas personas e instituciones externas a su obra pudieran colaborar en la educación de sus jóvenes. Fue consejero y asesor de jóvenes, educadores, instituciones y familias. Creó y mantuvo eficazmente equipos de trabajo para multiplicar su obra... Puff, cuando hablo de Don Bosco me vengo arriba y se me van las manos, pero tengo que parar.

El caso es que hoy, miles y miles de personas a las que me siento entrañablemente unido, estarán celebrando en alguna casa salesiana la fiesta de Don Bosco. Yo estoy en mi colegio de Cobeja trabajando, como un día más. Me sorprende sobremanera que las personas que hoy pasan a mi lado no sean conscientes de qué día es hoy. Pero en mi corazón también hay una fiesta. Estoy orgulloso de mi trabajo porque en él me siento muy unido a la obra de Don Bosco. Soy orientador porque soy de Don Bosco.

viernes, 11 de enero de 2013

Diez consejos para educar el hábito lector


1. De padres lectores, hijos lectores

Si los niños crecen viendo que en casa se lee, ellos también se convertirán en lectores. Así que, la primera recomendación y, quizá, la más importante, es que los padres deben ser buenos lectores para servir de ejemplo a los hijos.

2. Reservar cada día un rato para leer

Uno muy aconsejable es justo antes de dormir. Es la forma idónea de leer todos los días un rato, además es una actividad muy relajante que ayuda a los niños a tranquilizarse y dormir mejor. Pero da igual, el caso es que se cree el hábito con la constancia del día a día

3. Libros accesibles

Los libros han de colocarse en lugares accesibles, de la misma manera que puede estar cualquier juguete. Si los libros están en lugares muy altos para ellos o sitios cerrados, éstos se convertirán en piezas de museo inaccesibles. Su manipulación debe ser algo habitual y natural.

4. Regalar libros

Evidente. Para que un niño lea ha de tener libros que leer. Si se los regalamos le estaremos diciendo con ello que la lectura es algo bueno. Hay quien dice que un libro que se regala siempre se lee… Además es bueno crear su biblioteca particular desde que nace

5. Leer con ellos

De chiquitines, sentarlos entre las piernas y disfrutar viendo imágenes, leerles cuentos,… De más grandes buscar momentos para leer juntos. Padres e hijos pueden leer cosas diferentes, pero lo importante es que los niños se sientan acompañados en su momento de lectura.



6. Contar con el colegio

Apoyar las actividades de lectura que se hacen en el colegio. Los maestros suelen proponer actividades para fomentar la lectura entre sus alumnos. Es bueno que los padres estén al tanto de estas iniciativas y las potencien con su interés, participación y seguimiento.


7. Utilizar la biblioteca pública

Acudir con los hijos a la biblioteca más cercana. En cualquier biblioteca se puede encontrar una zona para los niños con cientos de ejemplares adaptados a sus gustos y a su capacidad. Además suelen organizar concursos y actividades para fomentar el gusto por la lectura y la escritura.

8. Visitar la feria del libro

Hacer la feria del libro un acontecimiento familiar, dedicar un día a ello, adquirir algún libro, participar en sus actividades,... Si no se hace una en el pueblo se puede organizar como una excursión familiar a otra localidad, de forma que se convierta para ellos en un hecho de gran significado que potencie su gusto por la lectura.

9. Cuidar el ambiente

Preparar un lugar y un ambiente adecuado para la lectura. Asegurar que en casa haya un lugar con las características necesarias para crear un ambiente agradable de lectura: iluminación suficiente, mobiliario cómodo, ausencia de ruidos molestos, presencia cercana de los libros,…

10. Paciencia

Si pese a todos los esfuerzos realizados, tus hijos no se convierten en extraordinarios lectores, no hay que desesperar. El trabajo educativo consiste en sembrar y esa semilla crece cuando menos se espera. Hay niños que tardan más que otros en despertar su gusto por la lectura.