lunes, 29 de abril de 2013

#JNOCuenca: El factor Orientación

Hace unos días tuve la fortuna de participar junto a otros 200 orientadores de toda España en las III Jornadas de Orientación organizadas por APOCLAM en Cuenca. Fueron dos intensos días en los que pudimos conocer experiencias innovadoras de orientación en todos los ámbitos y etapas educativas y practicar en interesantes talleres nuevas habilidades para la práctica de la orientación.  La cosa acabó con el auditorio de la UCLM puesto en pie aplaudiendo la valiente intervención de mi compañero, a quien tanto admiro, Fidel Jerónimo. Fidel, orientador curtido y apasionado, denunció la actual deriva de la educación y la orientación en Castilla-La Mancha.

Globalmente, comparto con Fidel su diagnóstico. Tengo la sensación de que esta administración educativa no valora la orientación educativa. Es como si no supieran quiénes somos, qué hacemos aquí o para qué servimos. Se han encontrado con un orientador en cada centro y no saben muy bien qué hacer con nosotros.  Hasta da la impresión de que nos consideran correa de transmisión de determinada corriente ideológica. Probablemente sean puros prejuicios o desconocimiento de la realidad educativa, pero las consecuencias para la profesión de la orientación educativa y, por derivada, para el sistema educativo, pueden ser demoledoras.


Sin embargo, quedarse en la queja y en la camiseta verde sería un error y una irresponsabilidad. Lo urgente y lo importante es demostrar el valor de la orientación y su aportación a esa calidad educativa que ahora tanto se exige. Si estamos solos, lo haremos con más ahínco y determinación. Si tenemos menos recursos, sacaremos más partido a los que tenemos y crearemos otros nuevos. Si somos  menos, colaboraremos más. En Cuenca vi ejemplos de que esto se pude hacer y de que hay quien lo hace. Y, sobre todo, aprendí que el colectivo profesional de la orientación educativa tiene un enorme potencial creativo e innovador, una calidad humana excepcional y una más que solvente capacitación profesional para mejorar la educación y la sociedad. Es el factor Orientación. Y yo creo en él.

martes, 9 de abril de 2013

Yo también he leído El Elemento

Sé que no soy el primero ni descubro nada a la tribu pedagógica, pero lo he leído y tenía que contarlo. Ha sido una lectura muy inspiradora.

Me acerqué a El Elemento con interés por las múltiples recomendaciones, pero con la sospecha de estar ante un manual de autoayuda. Nada más lejos de la realidad. El Elemento no es autoayuda, sino un golpe en la línea de flotación del concepto de sistema educativo universalmente aceptado. A medida que avanzaba en la lectura, Sir Ken Robinson respondía a mis objeciones con contundencia y nitidez.

Para quien no lo haya leído [que lo lea], el libro postula que todas las personas tenemos una zona en la que confluyen aquello que mejor sabemos con hacer con aquello que más nos hace disfrutar. Ese lugar es el Elemento. Cuando lo encontramos todo cambia. A partir de ahí Sir Ken Robinson explica, con historias reales de personas, cómo se descubre y se vive en el Elemento. Y de paso expone cómo la escuela mata la creatividad, se convierte en el principal enemigo de el Elemento y condena a millones de personas en todo el mundo a una existencia gris y pesada.



La lectura de El Elemento me hace sentir incómodo y aprisionado entre las paredes de mi colegio. De repente, todo lo que sucede aquí me parece torpe y limitado. Hasta alguien poco amigo de las revoluciones, como es mi caso, se apunta al cambio de paradigma. Así que, para empezar con él, me atrevo con cinco propuestas:

1. Sacudirse el miedo.
El cambio produce vértigo, pero estar convencidos (en plural) de la conveniencia de ese cambio es una fuerza capaz de vencer al temor. No se alcanza la  meta sin salir de la zona de confort.

2. Confiar en las personas.
En la escuela hay, sobre todo, maestros y niños. Confiemos en ellos. En los talentos de unos y otros. Hay niños con enorme potencial aplastado por el peso del curriculum oficial. Hay infinidad de maestros brillantes aburridos de un sistema educativo que no reconoce ni promociona su talento pedagógico. Debemos dar oportunidades a unos y otros de crear, explorar y equivocarse para avanzar por caminos insospechados y alcanzar metas ni siquiera imaginadas.

3. Escuela de ojos y oídos abiertos.
Escuchar más y hablar menos. Observar más y vigilar menos. Dejar que pasen cosas. Ver que ocurre. Analizar. Aprender de ello. Explorar. Crear.

4. Derribar los muros interiores.
Esos que compartimentan la escuela en trocitos por edades y por asignaturas, en muchos casos, sin puertas ni ventanas que los comuniquen. Estos muros no existen en la vida real. Sólo están ahí por un modelo heredado que no tiene nada que ver con el mundo actual. Y por qué no, derribar también los muros de ladrillo.

5. Saltar la valla.
La que separa el colegio de todo lo que pasa fuera, de la vida real. Saltarla hacia dentro y hacia fuera. Dejar que ambas realidades, tan artificialmente diferentes, se fundan y se enriquezcan.